| Reflexión
Día del Padre
Mi
papá murió hace 4 años, partió amargado y
solitario.
Se
fue de la casa cuando yo tenía 14 años, alegando
que quería vivir su propia vida. Lo hizo a pesar
de que no teníamos qué comer.
Fue
alcohólico, aunque decía que podía dejar de
tomar en cualquier momento.
Nunca
me abrazó porque según el, los hombres no se
demuestran ternura.
No
jugó conmigo ni con mis hermanos, porque eso es
asunto de mamás.
No
sabía nada de mí, pero, cuando yo cometía un
error, era implacable conmigo.
Decía
que trabajaba para su familia, sin embargo en la
práctica éramos la última de sus prioridades.
Durante
años lo resentí. Marqué con ese rencor todas
mis ilusiones e hice más frustrantes mis
desilusiones.
Un
día me casé con una mujer maravillosa y me
prometí que no iba a ser como él.
Pensaba
que ser buen padre era tratar bien a los míos,
darles lo mejor que pudiera y estar con ellos
cuando me necesitaran.
Un
día le pregunté a mi esposa porqué mis hijos no
me hacían caso a mí, sino a ella. Quería
averiguar porqué los niños no disfrutaban
estando conmigo.
-¿Sabes?
-me respondió.- Cuando estás con ellos lo haces
más porque es tu responsabilidad y no por que sea
tu privilegio.
Tus
hijos van a disfrutar de ti. Sólo cuando tú
disfrutes de ellos.
Me
di cuenta que era tanto mi resentimiento y mi
deseo de ser diferente a mí papá que me estaba
pareciendo a él.
Mi
padre no estaba en la casa por borracho y yo por
responsable.
Él
era lejano porque los niños eran cosa de mujeres
y yo por que quería ser estricto y educarlos
bien.
Entonces
comencé a descubrir las maravillas de pasar el
tiempo con mis hijos, a jugar con ellos, a
integrarme a su vida.
Dejé
de intentar que ellos fueran como yo esperaba, y
empecé a apreciar más lo que ellos eran.
Me
permití inspirarme con su alegría y
espontaneidad. Caí en cuenta de que yo podía
crecer con ellos.
Ya
no me esforzaba por ser el adulto que lo sabía
todo, mas bien me inclinaba a ser más la persona
que quiere enseñar, pero que también está
dispuesta a aprender. Que no sólo sabe dar, sino
que sabe recibir.
Esto
no ha sido fácil. Aún me descubro autoritario,
lejano, rígido, impulsivo.
Entonces
recuerdo que eso no es lo que soy y me abro de
nuevo al regalo de la vida, de los míos, de mi
esposa y de mis hijos.
Hoy,
día del padre, celebro mi oportunidad de ser
padre, los abrazos de mis hijos, los ejércitos de
enanos que crean caos de fantasía, que rompen
nuestros esquemas a punta de sonrisas e
indolencias.
La
infancia de mi padre fue más dura que la mía.
Le
enseñaron que la vida era una carga.
Él
para su padre fue una carga.
No
conoció la ternura ni el apoyo, nadie se sintió
orgulloso de él y él tampoco aprendió a
sentirse orgulloso de sí mismo.
Papá,
antes de que te fueras hubiera querido decirte
que, para mí, al igual que para ti, ser un niño
no fue fácil, pero es más difícil ser adulto si
encadeno mi vida
y
la de los míos a los rencores y a los fantasmas
del pasado.
Quiero
perdonarte, darte la libertad en mi corazón de
ser un buen padre,
Reconocer
que a tu manera hiciste lo mejor que pudiste con
tu vida.
Sé
que sentiste el dolor de tus propios errores.
No
me será fácil convertir en ángeles mis
fantasmas, pero abriré con determinación las
puertas de la aceptación y la gratitud.
Papá,
me siento orgulloso de ti, porque sin ti yo no sería
lo que soy, porque tu vida me ayudó a encontrar
mi camino, tu dolor me ayudó a evitar el mío,
tus cualidades florecen en mí y valoro como un
tesoro haberlas heredado de ti.
Seria
importante que cada uno pudiera hoy ....
reconciliarse con su pasado ....valorar lo bueno
de la vida y agradecer a quienes han aportado a lo
que eres hoy.
¡Feliz
Día del Padre!
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